lunes, 19 de julio de 2010

Demonios internos

La niña no había estado muy bien las últimas semanas, no estaba comiendo como debería y no tenía esa elocuencia de siempre al hablar, de hecho prefería quedarse en silencio. Las horas le pasaban con calma, hasta podría decirse que ella misma las retenía. A veces la sorprendían distraída o absorta en sus propios pensamientos, como si guardara un secreto dentro de un muro de contención. La niña se iba a dormir muy tarde, casi como posponiendo la hora de ir a la cama.

Y es que lo que nadie sabía era que, efectivamente, al llegar la noche sentía una ansiedad y un miedo casi paranoicos que le recorrían todo el cuerpo, pasaban por su cerebro y llegaban a lo más profundo de su espíritu, llenándola de sentimientos desesperantes y abrumadores, haciendo que deliberadamente pospusiera sus delirios. Aun así, se iba a la cama con la esperanza de tener un sueño placentero... sin tener éxito casi nunca. Prácticamente todas las noches despertaba muy agitada, el corazón le latía rápido, el cuerpo le ardía y su respiración asemejaba a la de un atleta que había estado corriendo por 30 minutos sin parar. Cada vez las pesadillas eran peores, cada vez las sensaciones la ahogaban más y le costaba 1 hora y media calmarse y volver a dormir. La mayoría de las veces despertaba a las 5 am, por lo que esperaba hasta que amaneciera y, después de que su habitación se hubo iluminado, cerraba los ojos más tranquila y retomaba el sueño. Una noche hacía tanto calor que durmió semi-desnuda, sus simbolismos inconscientes eran tan atroces que (nuevamente) despertó. Se vistió y volvió a acurrucarse entre las sábanas, ¡JA, como si vestirse realmente la protegiera de algo! Y así pasó muchas noches, consumiéndose entre las sombras, tomando ligeras acciones rápidas que la hicieran sentir de vuelta, que la hicieran pensar que estaba segura.

A pesar de todo, cada vez que despertaba se encontraba sola en medio de su habitación, y por mucho que viera sus cosas, que reconociera la realidad y que supiera que ya no estaba sumergida en sus absurdas y horribles imágenes mentales, la oscuridad la separaba del resto del mundo y sentía que dentro de ella se libraba una batalla en la que sus propios demonios le llevaban la delantera. Podía decidir sobre su vida cotidiana postergando así aquel momento, pero sólo hasta ese entonces... luego de eso su voluntad simplemente moría hasta que, desesperadamente, abría los ojos otra vez.

jueves, 13 de mayo de 2010

Falsos dioses, dioses mortales

En la Ilíada de Homero se relata (entre muchas otras) la aventura de un héroe griego que murió a manos de su esposa, a saber, Agamenón. Justo antes de su muerte, él llega de la guerra de Troya y su esposa, Clitemnestra, lo recibe amablemente con una alfombra púrpura en el suelo. Agamenón, indignado, le dice que no caminará sobre ella porque representa la sangre de los dioses y él es un simple mortal, y lo podrían castigar por su hibris; esto es, el orgullo y/o confianza exagerados en sí mismo, una pretensión inadecuada cuando se trata de los dioses. Estos mantienen con firmeza su autoridad como superiores, sosteniendo que los seres humanos deben estar conscientes de su posición como mortales ante ellos, que son inmortales. Volviendo a la historia, Agamenón, luego de entrar a la casa, se dirige a la bañera y allí, mientras toma un baño, es apuñalado varias veces con una especie de hacha. ¿Por qué cuento todo ésto? Porque hay un detalle en este asunto que me causa cierta incomodidad o irritación, como un tipo de malestar. ¿Esa alfombra púrpura de la que se habla en la historia no te recuerda algo muy actual, algo referente a las estrellas de cine? Pues a mí sí, y no lo soporto. La incomodidad que me causa todo ésto surge en la idea de que a los actores de cine, cantantes, y artistas de esa índole, siempre los reciben en los eventos con la famosa "alfombra roja" que tienen que cruzar (mientras se detienen para que los fotografíen e idolatren) para llegar al núcleo del evento en cuestión. ¿Crees que es pura casualidad eso de la alfombra roja? Pues no, se ha vuelto una tradición, una forma de veneración. ¿Cómo es que pueden entonces tratar a personas comunes como dignos de algo superior, o mejor dicho, como si ellos fueran superiores y/o tuvieran algún poder sobre los demás? Simplemente desempeñan su trabajo, lo que les gusta o lo que se les dio, no tienen ningún poder sobrenatural ni una autoridad contundente, pero claro, a diferencia de todo el resto del mundo, a los artistas los conocen hasta los niños de 6 años, de nombre y apellido y hasta sus canciones y/o películas. ¿Y qué? ¿Esto acaso los hace mejores o dignos de algo SUPERIOR, de esa veneración ciega que raya en el fanatismo? En absoluto. Son personas como tú y como yo, actúan, cantan, pero a fin de cuentas son personas, no son dioses, no son superhéroes, no son inmortales ni eternos (cabe destacar que estos últimos dos términos no significan lo mismo).

Así que, ¿qué tal si dejamos de tratarlos como dioses superiores, dignos de toda la atención y amor ciegos que les hemos dirigido? La sobrevaloración, en cualquier caso, es absurda.


martes, 4 de mayo de 2010

Otro matiz

Esta tarde no se pasó muy bien. Esta tarde viste la luz caer, viste la puerta cerrarse y no parabas de escuchar una risa burlona al final del pasillo. Esta tarde quisiste correr y hasta llorar, golpear cosas, insultar gente, empujarla, gritarle y correr otra vez. A veces las cosas salen un poco distintas a como esperabas, ¿cierto? Pero siempre se te ofrece un matiz nuevo, una puerta a tu derecha (o izquierda), un camino que no habías visto antes y que es bastante factible. ¿Por qué no intentarlo? Esta tarde puedes brillar, puedes levantarte y sonreír una vez más. Esta tarde, a pesar de que las cosas no sean muy buenas y el golpe sea un poco fuerte, podrías seguir afirmando que al final todo siempre sale bien. Olvídate del pasillo oscuro, de las humillaciones y los malos ratos, busca aire fresco, un cielo azul y grama verde a tus pies. Busca un sitio donde acostarte y sentirte sereno y en paz. Búscate a ti mismo, busca tu paz espiritual, porque al final el que escuchará tus pensamientos y sentirá tus emociones a diario serás (única y exclusivamente) tú.

jueves, 18 de febrero de 2010

Memorias

Probablemente tu gripe empeore, pero no importa... es lindo estar sentado en medio de la noche y sentir cómo el viento te abraza, cómo la brisa te susurra (aunque a veces sólo son palabras ininteligibles y otras veces sólo quiera asustarte). En una noche como ésta hace frío, y poco a poco esos susurros te hacen ir recordando cada historia, cada palabra, cada detalle de tu vida; puedes ir recordando las promesas, las risas, las lágrimas y los "nuevos comienzos". Piensas en el pasado, en tus ganas de huir, de cerrar los ojos... y te das cuenta que aunque los cierres y corras él seguirá allí. Tu pasado (con todas sus historias) no se irá, de hecho notas que en ocasiones se acerca a ti, y aunque no quieras recibirlo él te toca. ¡Pam! Escuchas el sonido de una puerta al otro lado de la calle... la imagen de otra escena pasa por tu mente... ese sonido te recordó una visita, un "no te avisé que vendría porque borré tu número y no lo recuerdo" ¡Auch! Eso dolió... Pensar que "borraron tu número y NO LO RECUERDAN" fue una estocada al corazón. Sobretodo si fuiste importante para esa persona y, además, si esa persona fue importante para ti. En esa ocasión el pasado te tocó de nuevo y fue inevitable no alejarte de él . Tampoco querías hacerlo. A veces el pasado te hace ver que no es tan malo como la mayoría cree. Clin-clin-clin, es una bicicleta... ¿Quién anda manejando bicicleta a esta hora? Piensas en todas las veces que te caíste frente a tu casa manejando una, en todas las veces que resbalaste con la misma arena y nunca aprendiste que ese no era un buen lugar para dar la vuelta hasta que te lastimaste bastante. Ahora piensas que ya ni siquiera manejas... ¿por qué? Es una de las cosas que más te gusta... ¿por qué de pequeños hacemos todo lo que nos gusta, lo que nos provoca, y ahora cuando somos más grandes no? ¿Acaso éramos demasiado caprichosos y nos consentían siempre? ¿O es que ahora que somos mayores creen que podemos hacerlo todo por nosotros mismos? La verdad es que no todo lo podemos hacer solos. De hecho, en todas las historias, los recuerdos, las memorias que tenemos, podemos indagar y explorar cuanto queramos, y siempre será lo mismo, siempre recordaremos cosas en las que necesitábamos ayuda, siempre veremos escenas en las que no podíamos hacer todo solos. Todavía es así y siempre seguirá siendo así. Siempre necesitaremos de alguien. Y es curioso... es curioso que nos sintamos tan solos en ciertos momentos cuando, realmente, tenemos un montón de personas queriendo hablarnos, queriendo escucharnos y ayudarnos. Es curioso sentirnos solos cuando todos (absolutamente todos) siempre necesitaremos a alguien, lo que nos hace abrir un ciclo de comunicaciones recíprocas (por lo que -una vez más- no deberíamos sentirnos "solos"). Y es más místico aún que en estos momentos estés sentado en medio de la oscuridad y queriendo estar así, sin que nadie te moleste, sin que nadie te dirija ni siquiera una palabra. El Universo te habla, internamente te preguntas si todo lo que ha pasado en tu vida ha sido realmente necesario, si ha estado bien, a dónde te llevarán todas las acciones pasadas, si has dado lo mejor de ti en las relaciones interpersonales con los demás, si está bien estar sentado en tu terraza casi a las 11 pm, y el Universo, en una unión de identidad externa contigo, te dice lo que quieres escuchar. Te responde, pero tú no puedes oírlo, no estás seguro de lo que está diciéndote. Tu ojo derecho empieza a aguarse, debe ser por la luz de la pantalla... ya tienes la nariz tapada y las extremidades muy frías, dejas ésto hasta aquí. Quizás el Universo te responda de una mejor manera luego...

"Hey, amigo, me gusta que envíes al viento a abrazarme. Si no puedes hablarme, al menos haz eso..."

viernes, 12 de febrero de 2010

Un sueño

Muchas veces hemos escuchado la típica frase: "tranquilo, fue sólo un sueño", que de verdad nos hace pensar que lo que hayamos soñado no tiene importancia, que debemos relajarnos. Pero aún existe esa vocesita que nos dice "¿y si no hubiese sido sólo un sueño?" Muchas veces nos despertamos asustados, inquietos, llorosos, atónitos o contentos, todo por un sueño que la mayoría de las veces no sabemos su significado, es totalmente incoherente, sin un sentido real para nuestra mente conciente. Lo curioso es que a pesar de que es ilógico pasamos todo el día pensando en ese sueño tan raro (no todos, pero yo, particularmente, soy una de esas personas que piensan mucho en ellos) y dejamos que nos altere el estado de ánimo, una sucesión de imágenes aparentemente sin sentido comienza a apoderarse de nuestra tranquilidad, pasamos -erróneamente- a intentar establecer conexiones entre todo lo que nos pasa con lo que soñamos -quizás hasta podemos llegar a ocupar el papel de paranóicos-, decimos "con razón, yo lo sabía, ¡mi sueño me lo dijo! Le hubiese prestado más atención", y sin embargo, en ocasiones realmente no significan algo importante. ¿Pero cómo saberlo? Nosotros estamos allí, recibiendo esas imágenes que perfectamente tanto se pueden relacionar con la realidad como no, ¿entonces cómo saber, cómo diferenciar un sueño importante, uno que nos está intentando decir algo, de uno que no representa ningún tipo de advertencia? Nos metemos de cabeza en nuestros sueños, en nuestra vida, nos psicociamos intentando comprender, dejamos de hacer cosas sólo para evitar lo "pronosticado", pero la verdad es que creo que nunca podremos estar seguros de si fue sólo un sueño o fue algo a lo que debemos prestarle más atención. Lo bueno es que tenemos la capacidad de pensar, lo que nos hace darnos cuenta que no vale la pena atormentarnos por algo que se escapa de nuestro control.